Las movilizaciones sociales (ecologistas, estudiantiles, regionalistas, etc.) han hecho evidente una realidad inocultable: la frágil legitimidad de las autoridades y sus decisiones. En diversos ámbitos y por distintas razones, los ciudadanos están cuestionando de forma cada vez más activa a sus “representantes”.
Según el paradigma antiguo, bastaban un par de elecciones cada 4 años para que las autoridades electas tomaran todo tipo de decisiones por nosotros. Mientras el sistema funcionara y asegurara orden, los conservadores estaban tranquilos; aunque grupos extraparlamentarios patalearan, no había presión real por hacer cambios.
Sin embargo, al igual que la institución de los senadores designados, el sistema binominal incubó un problema de legitimidad insoluble, al distorsionar la voluntad ciudadana manifestada en las urnas y al generar una dinámica tóxica en la designación de los candidatos. El sistema binominal aleja a los representantes de sus representados, y éstos últimos se resientes y se vuelven apáticos. Hoy consideramos normal que Senadores y Diputados tengan tasas de aprobación bajísimas.
Uno de los principios básicos del liberalismo es que el Poder debe repartirse, no concentrarse, para el mejor cuidado de las libertades individuales y evitar arbitrariedades injustas. Si el Poder se concentra en pocas manos (Estado, Iglesias, Militares, Grandes empresas, Medios de comunicación, etc.), es más fácil y más probable que la Libertad y la Justicia sean atropellados por los intereses de unos pocos.
El sistema hiper-presidencialista chileno (presidencialismo exacerbado) concentra enormes atribuciones legales y administrativas en una sola persona. A los conservadores pareciera gustarles la idea de poner todas sus expectativas en un/una mesías que resuelva todos los problemas del país y que tome todas las decisiones de Estado.
Pues bien, los liberales debiéramos ser renuentes a entregarle tanto poder a una institución o persona. Así como debiéramos simpatizar más con sistemas federales que con centralismos monárquicos, también debiéramos preferir sistemas parlamentarios por sobre presidencialismos imperiales.
Y si les vamos a entregar poder a ciertas autoridades electas para que tomen decisiones por nosotros, como liberales debiéramos exigir que el sistema de elección represente de la mejor forma posible la voluntad ciudadana. El sistema Binominal no cumple este requisito.
Cada vez que se ha propuesto volver a un sistema proporcional, los conservadores replican que éste nos llevó al descalabro democrático (1973); de la misma forma, se le atribuyen todo tipo de males al parlamentarismo, por la experiencia seudo-parlamentaria chilena (1891-1925). Ambas imputaciones son históricamente inexactas e ideológicamente sesgadas.
Lo cierto es que los sistemas electorales proporcionales van de la mano de sistemas de gobierno parlamentarios, así como sistemas electorales mayoritarios van de la mano de sistemas de gobierno presidenciales.
Por lo tanto, para subsanar el problema de legitimidad y en coherencia con el principio de no concentrar el poder, la posición liberal debiera ser a favor de un sistema electoral proporcional.
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Andres Jiron Santandreu
24-06-20121)¿Se trata de un sistema electoral proporcional puro o corregido?
2) ¿Contempla un redistritaje, de acuerdo a cifras actualizadas de la población?
Ambos temas pueden ser muy necesarios, pero no cabe duda que tensionarán la discusión, en especial por los intereses particulares afectados.
Ojalá pudiéramos profundizar sobre eso.
Ignacio Gil Moncada
24-06-2012
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26-06-2012
Ignacio Gil Moncada
26-06-2012
Cesia Dina Arredondo Salinas
27-06-2012No tengo claro si un sistema multipartidista se lleva bien en un régimen parlamentario, eso si.
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27-06-2012
Jorge Arturo Schiappacasse Araya
28-06-2012la segunda dimensión es que como Red liberal y una vez que tengamos nuestra propuesta generemos lazos como dice Ignacio con otros movimientos y acordar el modelo que deseamos. Esto debe ser discutido en nuestra plaza virtual y en la Comision de coyntura politica.










