La Libertad está siendo atacada nuevamente y, esta vez, en el único medio que tenemos los ciudadanos de a pie para expresar nuestras opiniones: la web. Porque no se engañen con aquello que proclaman los engañadores, que defienden los Derecho de Autor que, en esencia, siempre les ha importado un comino.
Para defender dicho Derecho, proponen un intervencionismo descarado en la propiedad y la intimidad de los internautas. Este es el primer paso destinado a, en lo futuro, poder controlar todo lo que se dice y se hace por este medio.
Hasta los ’90, los únicos medios existentes –prensa, radio y TV–, estaban, como ahora, bajo el control político y empresarial. A partir de esa fecha emerge una nueva fórmula, limpia y global, casi imposible de controlar, que está aterrorizando a los dueños del poder porque no pueden evitar que los descontentos –e indignados– se organicen para luchar en contra del abuso, la displicencia y la desidia que los ha caracterizado siempre.
¿Qué proponen? Que si yo tengo un sitio web de almacenaje abierto al público y alguien de ese público lo utiliza para intercambiar archivos con «derechos de autor», me cierran el sitio y me meten en la cárcel por «complicidad» en un delito inexistente. Esto es lo mismo que si yo le arriendo una propiedad a alguien y esta persona la utiliza para traficar drogas, a mí me quitan la propiedad y me meten en la cárcel como traficante. ¿No les parece un poquitín injusto?
Pero el asunto va más lejos aún, ya que, para poder «controlar» estos intercambios, es necesario que existan instituciones oficiales que tengan derecho a vigilar lo que se intercambia a través de la web, es decir, un sistema de espionaje estatal descarado, lo que nos retrotrae, legal y moralmente, al Medievo, Inquisición incluida.
¿Cuál es el argumento? Y esto resultaría chistoso si no fuera, en verdad, dramático para el futuro de la Libertad. Dicen las grandes empresas discográficas, cinematográficas y las editoras de libros que ello «pierden» grandes sumas de dinero con este «intercambio ilegal». En primer lugar, el que muchos descarguen ese material en forma gratuita no implica, bajo ningún criterio, que estarían dispuesto a comprarlo, por lo que no pierden y, ni siquiera, dejan de ganar. En segundo lugar, y esto es lo más triste, lo que se intenta es «penalizar la generosidad», ya que si yo compro un libro, lo escaneo y lo pongo en la web GRATUITAMENTE para que muchos otros, que no tienen la intención de comprarlo, lo puedan disfrutar, estoy cometiendo un crimen. Ilegal sería si lo vendiera, pero si lo regalo, ¿dónde está el delito?
Todo esto demuestra que lo del «Derecho de Autor» es una engañifa; lo que se quiere es intervenir política y policialmente la web para, a la larga, impedir que los individuos puedan expresar sus opiniones y organizarse en contra de las injusticias. Ya lo hicieron con los medios tradicionales.
Esto, que parece película de ciencia ficción –o de terror–, es de una realidad pasmosa, alucinante. Y no debemos, bajo ningún concepto, dejarnos engañar con esas «vestiduras rasgadas» de quienes dicen luchar por proteger la creatividad ya que, con estas medidas propuestas, demuestran finalmente no tener creatividad ninguna, pues quieren imponer los mismos criterios que antaño sumieron a la sociedad en el oscurantimo y la persecución de las opiniones.
Tweet Share

Mario Vargas Cociña
01-02-2012
Patricio Marcial López Cerda
01-02-2012
Sergio Roberto Correa Lopez
08-02-2012








